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lunes, 11 de julio de 2011

¡Campeones!

El objetivo se logró, México derrotó por 2 a 0 al conjunto de Uruguay y se proclamó como Campeón del mundo dentro de la categoría Sub-17, por segunda ocasión. Igual que hace 6 años en Lima, Perú, un grupo de jóvenes que eran prácticamente desconocidos antes de iniciar la competencia hoy son tratados casi al nivel de "héroes nacionales". Al igual que en las derrotas, las victorias deben analizarse a profundidad, para continuar por el camino correcto y que más triunfos puedan aparecer pronto; así como corregir los errores que se hayan presentado.


Uruguay no fue para nada un rival fácil: Ellos, con base en un futbol de fuerza y de contragolpe pusieron en series predicamentos a la zaga mexicana en más de ocasión, pero las atinadas acciones de los elementos mexicas, más la oportuna intervención de los postes ("suerte de campeón", que algunos le dicen) impidió que Uruguay creara peligro real, a través de anotaciones. Mi reconocimiento para ellos, pues el gran pueblo hermano de la República Oriental del Uruguay debe dormir tranquilo, sabiendo que el futuro futbolístico también pinta bien para ellos.


Es difícil ser objetivo en estos momentos, pues la euforia, la alegría, la pasión y los sentimientos desbordados son numerosos. No queda sino reconocer la gran labor de todos los involucrados en este proceso: a los jugadores, al cuerpo técnico, a los directivos, a los encargados de fuerzas básicas en los distintos equipos que aportaron jugadores, a los dirigentes; porque todo un país se ha puesto de cabeza y celebra de nueva cuenta un campeonato mundial juvenil.


Y, una vez asimilado esto, quedan muchas cosas más por destacar: algo que me queda clarísimo es que México tiene en su gente la capacidad para ser una potencia en este deporte. Cualquier niño que corra detrás de una pelota puede ser un crack en potencia, y no hemos sabido aún como aprovechar esta gran materia prima. Aquí los niños y los jóvenes aman -amamos, para que nadie se sienta viejo- el juego, y a una edad tan temprana no importa el dinero, ni la fama, ni las fiestas, ni las mujeres... Aywer se ganó por amor al juego; esas sonrisas, esa alegría tan propia de los "chavos" es algo que el profesional debe recordar y rescatar, sólo reencontrando la esencia de este juego se puede volver a vivir y jugar de manera genuina, sincera, sin presión extra que el propio negocio en que el fútbol se ha convertido les impone.


¿Qué sigue, a partir de ahora, para estos chicos? No lo se, su vida no será la misma, ahora probarán el dulce néctar que estos triunfos conlleva: les lloverán reporteros que quieran entrevistarlos, mujeres que quieran salir con ellos, promotores que les asegurarán lugares en los mejores equipos del orbe... Y, si bien también merecen disfrutar de esto, deben tomar en cuenta que en exceso marea y hace perder el piso; casos hay muchos, no vale la pena mencionar nombres pero, por el bien de todos estos chavos, ojalá sepan tomarlo con la madurez necesaria para no perderse en el abismo del "¿Y qué fue de fulanito?"


A seguir celebrando, pues, ya mañana habrá tiempo para pensar en lo que viene. ¡¡¡Felicidades, México!!!


México 2-0 Uruguay



Alemania 4-3 Brasil

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